
Sale sola a la calle; en una esquina se queda anclada.
Está cansada de los hombres que prometen para nada.
Si la soledad está tan sola, ¿por qué a ella le hace compañía?
El bolso lleno de agujeros, para guardar puñados de alegría.
Ya no siente ni padece, sólo observa el morir del ritmo de las vidas.
Pero qué justos nos sentimos al matar de un disparo a la justicia.
Y la masa se apelmaza, y la ahogan, la atosigan con su ruido.
Roxanne ni tan siquiera los escucha; ella sólo se pone su vestido.
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